Tribuna. Reforma de AP: de la ilusión a la desesperanza

La reforma de primaria de hace 25 años suscitó unas esperanzas que se han visto frustradas por el abandono generalizado del primer nivel. Una situación que se agravará con la desesperanza de los profesionales.

Ya hemos entrado en la cincuentena aquellos médicos jóvenes que nos lo creímos; ya vemos cerca nuestra jubilación los facultativos que pensamos que las cosas podían cambiar; ya se empiezan a palpar signos de desesperanza en aquéllos que nos implicamos con la máxima ilusión en la llamada reforma de la atención primaria, una iniciativa que pretendía un sistema público eficiente y equitativo apoyándose en un primer nivel asistencial potente, con recursos suficientes, profesionales competentes y motivados, y alta resolución, para que la primaria fuera el eje del sistema sanitario.

¿Qué ha pasado después de 30 años de la creación de la especialidad de Medicina de Familia? ¿Cómo están las cosas 25 años después de la aparición de los centros de salud? Pues mal, están mal. Ni los mas optimistas se atreven a decir abiertamente que vamos por buen camino. No se han logrado, ni de lejos, los objetivos que inicialmente se plantearon.

Después de tantos esfuerzos, ilusiones y la implicación de tantos profesionales, la atención primaria sigue siendo la "cenicienta" del sistema sanitario, y cada vez lo es más. Después de tanto protocolo, programas y congresos, los facultativos seguimos con consultas masificadas, burocratizadas y, cada vez más, haciendo de secretarios del hospital. Seguimos con agendas asistenciales descontroladas, que nos obligan a adoptar una actitud reactiva de permanente supervivencia ante el día a día, derivando cada ves más y peor a nuestros compañeros hospitalarios.

Hace ocho años que nació la llamada Plataforma 10 Minutos, como consecuencia del palpable deterioro de primaria. De forma ingenua, la plataforma pretendió unir a todos los profesionales, y a todas sus organizaciones, con un eslogan simple: "Diez minutos por consulta, ¡qué menos!". El objetivo era perseguir calidad y dignidad en nuestro trabajo. Se consiguieron metas importantes, como una concienciación social de la necesidad de mejorar el primer nivel asistencial, y plasmar en el llamado Compromiso de Buitrago unas medidas de mejora consensuadas por todas las sociedades de médicos de primaria. Se logró incluso la implicación del Ministerio de Sanidad, que derivó en la Estrategia AP21, y el compromiso explícito de casi todas las autonomías en proyectos de mejora a corto y medio plazo.

Hace casi dos años de todo esto y ¿qué ha pasado? Pues que las cosas van a peor. Después de tantos años y tantas promesas seguimos teniendo agendas asistenciales descontroladas, pocos minutos de promedio por visita, y la burocracia, en lugar de disminuir, ha empeorado, con sistemas informáticos caros e ineficientes, que además amenazan seriamente la confidencialidad de nuestros pacientes.

Además de todo ello, vienen serios nubarrones: falta personal y vemos con peligro el cambio generacional porque las plantillas van envejeciendo progresivamente; no hay sustitutos porque se han marchado fuera en busca de mejores condiciones, y, por si fuera poco, muchos MIR huyen de nuestra especialidad, con lo que cada vez quedan vacantes más plazas de Familia.

A pesar de estos más de 25 años de desastres organizativos, de indefinición de papeles, de alta politización de la gestión, de abandonos presupuestarios..., todavía se mantiene un cierto grado de eficiencia y una importante satisfacción de los ciudadanos en los centros de salud por el alto grado de profesionalidad e implicación de sus médicos, que no escatiman esfuerzos ni tiempo en dar lo mejor de sí mismos. Pero ya se empiezan a palpar signos de agotamiento y de desesperanza.

¿Qué más podemos hacer tras años de concentraciones, manifiestos, informes deontológicos, documentos de consenso, huelgas... para que esto cambie realmente? ¿Qué podemos esperar de nuestras administraciones sanitarias si, tras reconocer explícitamente que algo hay que hacer, pasa el tiempo y no hacen nada? ¿Qué será de nuestra atención primaria y del sistema sanitario público cuando los médicos clínicos, de forma masiva, pierdan totalmente la esperanza de mejora, se sientan una generación perdida y ya sólo esperen a que llegue su jubilación cuanto antes?

Rafael de Pablo. Coordinador nacional de la Plataforma 10 Minutos
07/05/2008

Crisis en AP no, "desaceleración acelerada"

El modelo de atención primaria español está agotado. Todos los afectados lo dicen, pero nadie toma medidas para evitar el colapso. La falta de médicos (Familia es la especialidad con más déficit en el Sistema Nacional de Salud) y el interés político por abrir centros de salud para acercar la Sanidad a la puerta de los ciudadanos son dos fuerzas contrarias que están provocando la asfixia de los profesionales. Las sociedades científicas, la comisión nacional, los sindicatos y los vocales de la OMC creen que la primaria, en España, está lista para estallar, un nivel asistencial básico, enfermo y en consulta por burnout. En poco tiempo, sus profesionales han pasado de reivindicar los 10 minutos por paciente a la supervivencia.

La realidad laboral del primer nivel hace que Familia sea una especialidad tabú entre los recién titulados, que prefieren trabajar en el ámbito hospitalario; la sequía de personal que padece la atención primaria se agravará especialmente este verano porque las bolsas de trabajo autonómicas están literalmente vacías. A los diferentes representantes sindicales regionales no les salen las cuentas y tras analizar la oferta y la demanda que tiene el primer nivel en nuestro país, la previsión es la siguiente: el verano agudizará la crisis en la primaria y la asistencia se cubrirá, como siempre, con el esfuerzo personal y profesional de las plantillas. La lentitud planificadora de los 17 servicios de salud en materia de personal obligará a los gerentes a quemar más si cabe al médico a través de la acumulación de tareas, el reparto de cupos y los turnos dobles. Para los afectados este sistema es conocido como el método brownie porque por un módico precio se suma a la carga laboral diaria la de un compañero. No hay tiempo para esperar refuerzos tipo Estrategia AP21. El médico de primaria está en peligro de extinción y nadie puja por él. Mientras la puerta de entrada al sistema siga abierta y el trabajo se resuelva, la crisis o mejor dicho la "desaceleración acelerada", según parece, es sólo producto de la imaginación de unos pocos.